Cuando comenzamos a darnos cuenta de que nuestro emprendiento empieza a sumergirse en un estado de crisis, es normal que comiencen a aflorar sentimientos de duda, incertidumbre y desesperación. Y peor aún, a veces no somos capaces de enterarnos de la situación sino hasta que esta se vuelve insostenible.
Es totalmente comprensible comenzar a sentir miedo o incluso pánico ante la adversidad. De ninguna manera es poca cosa y no es para menos. Nos encontramos ante el posible colapso de la empresa o el negocio que dirigimos. Si somos empleados corremos el riesgo inmediato de ser despedidos saliendo por la puerta de atrás, y peor aún, si somos los propietarios estamos ante la posible quiebra o desaparición de nuestro patrimonio económico.
Para poder comenzar a enfrentar la situación, se debe mantener la calma. No hay mas. Un verdadero plan de acción debe comenzar con eso, porque únicamente con la cabeza fría es que se puede pensar de manera razonable y con ello evitamos tomar decisiones precipitadas que en la mayoría de los casos resultan equivocada e incorrectas.
Cuando realmente logramos liberar esa tensión, es que podremos pensar razonablemente y abordar el problema para ir encontrando el camino a la solución.
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